La Unión Europea pone fin a la comercialización de las famosas lámparas halógenas

La alternativa propuesta por Europa son el LED (diodos emisores de luz) y las lámparas fluorescentes.

La medida que pone fin a las lámparas halógenas, entra en el marco de la estrategia europea de reducción de las emisiones de CO2, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). 

Los requisitos mínimos que entran en vigor afectan a la tecnología de la incandescencia, que está en la base del funcionamiento de las bombillas halógenas. Los productores ofrecerán a hora a los consumidores bombillas de tecnología fluorescente, que consiste en llenar con un gas (neón) un tubo vacío, por donde pasa una corriente  eléctrica para que se cree un arco eléctrico y se encienda así la lámpara.

Las lámparas fluorescentes tienen un precio muy similar al de las halógenas, pero además tienen más capacidad de rendimiento. Además esta nueva tecnología permitirá la regulación del color de la luz y de la potencia gracias a sus componentes electrónicos.

Las lámparas LED, por su parte, disponen de un uso útil de más de 25.000 horas, casi quintuplican la vida útil de las lámparas halógenas.

Las luces LED son una fuente de energía constituida por un material semiconductor dotado de dos terminales. Las LED producen un efecto denominado electroluminiscencia: Un fenómeno óptico y eléctrico en el cual un material emite luz en respuesta a una corriente eléctrica que fluye a través de él, o por causa de la fuerza de un campo eléctrico. En el caso de las luces LED un diodo de componentes electrónicos (semiconductores), principalmente diodos y transistores, se le aplica una tensión adecuada a los terminales, para que los electrones se puedan combinar con los elementos de los semiconductores, liberando energía en forma de fotones.


 

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